“Las violencias machistas son una realidad en la población adolescente y joven, y además son violencias que aún están poco identificadas y visibilizadas desde el mundo adulto. Más allá de las agresiones físicas y de las formas explícitas con las que se identifican comúnmente, estas violencias se presentan en muchos casos de forma menos visible y más sutil: por ejemplo, en los procesos de construcción identitaria, en la socialización de género, en la negociación de las relaciones sexoafectivas”… Así comienza el informe que lleva por título Rompiendo moldes: construir vidas sin violencias machistas, elaborado por por el Centre Jove d’Atenció a les Sexualistats y Oxfam Internacional y que tiene por objetivo visibilizar las expresiones de machismo que perpetúan y reproducen las violencias machistas entre los jóvenes.

Con el objetivo de proporcionar un contenido accesible a las mujeres jóvenes con discapacidad intelectual o daño cerebral, la asociación Lectura fácil ha elaborado la guía Cuanto me quiero. La guía se centra en la prevención de la violencia de género, un problema muy prevalente en este grupo de edad y en este colectivo de mujeres especialmente.

La explotación sexual comercial infantil y adolescente (ESCIA) es una de las formas de victimización sexual más graves y menos conocidas en España, ya que tradicionalmente se ha percibido como un fenómeno vinculado a países en vías de desarrollo. Sin embargo, recientes estudios han alertado de que se trata de un problema social que también ocurre en el contexto europeo, especialmente en aquellos jóvenes tutelados por el sistema de protección (Benavente et al., 2021).

La ESCIA no es un fenómeno homogéneo e incluye un amplio rango de situaciones que difieren en términos de motivación, presencia o ausencia de coerción, o frecuencia de conducta. Así, es necesario llevar a cabo estudios en diferentes contextos culturales dado que, como se ha constatado, las experiencias de explotación deben analizarse dentro de la propia realidad social y de sus víctimas.

Ignacio J. Subijana, Tribunal Superior de Justicia del País Vasco, España

Enrique Echeburúa, Universidad del País Vasco (UPV/EHU), España

Resumen

El artículo analiza la aportación de la prueba pericial psicológica al proceso judicial, así como los diferentes roles desempeñados por los psicólogos. Se describen los diferentes temas sobre los que cabe solicitar un dictamen a un psicólogo y se valora el rol procesal del psicólogo en el juicio, con especial mención a las diferencias entre su actuación como testigo-perito o su aportación como perito desde la perspectiva del secreto profesional. Asimismo se profundiza en las diversas funciones del perito y del juez en un proceso para garantizar un espacio procesal en el que el perito aporta un conocimiento especializado para coadyuvar a la decisión y el juez resuelve de forma argumentada el conflicto en el que se ha contado con la aportación del perito. Finalmente se señalan los conflictos de roles existentes actualmente y los principales retos de futuro en el ámbito de los dictámenes periciales.