Algunos individuos, sin que sepamos todavía muy bien por qué, presentan una inclinación a orientar su deseo sexual hacia niños, incluso de edad prepuberal. Serían los sujetos a los que conocemos como «pedófilos». La existencia de personas con esta característica ha sido bien documentada desde tiempos ya remotos, y en la actualidad hay plena constancia empírica de su presencia y distribución homogénea en todo el mundo. Es fundamental aclarar que la inclinación sexual pedófila no implica en absoluto una tendencia automática, mecánica e inexorable a convertirse en agresor sexual de menores. Al igual que un varón heterosexual convencional, atraído por mujeres adultas, no suele mutar esa atracción en violaciones u otro tipo cualquiera de ataque sexual. Los sujetos pedófilos no han elegido ni «decidido» en modo alguno ser así. Además, todos los estudios recientes coinciden en señalar que la mayor parte de los pedófilos han aprendido a vivir con esa inclinación, a controlarla y gestionarla sin daños a terceros. Son los menos aquellos que transitan desde la pedofilia (un modo peculiar de sentir el deseo sexual) a la pederastia, esto es, el ejercicio de prácticas de abuso sexual a niños valiéndose de la seducción, el engaño, el poder, formas de dominio o, directamente, de la violencia coercitiva. Múltiples estudios en la última década apuntan a la elevada probabilidad de que la pedofilia esté condicionada por ciertas peculiaridades: factores endocrinos intrauterinos, modificaciones inducidas por estrés en períodos madurativos críticos, particularidades estructurales y/o funcionales en las estructuras corticales prefrontales y límbicas del cerebro, etcétera. Pero la evidencia disponible todavía no es concluyente (entre otras razones, por las enormes dificultades metodológicas que implican ese tipo de investigaciones).

In recent years, the use of imprisonment as a response to crime and violence has risen steadily across the globe.

More than 10 million people around the world are currently behind bars. As our social systems are being reshaped by Globalization 4.0, it is time to consider whether our current approach to prison and punishment is keeping us safe.

Most criminal justice systems around the world are increasingly reliant on prisons. Globally, the number of prisoners has grown by almost 20% since the turn of the millennium and continues to rise.

La directora del equipo de la Universidad de Barcelona que investiga a estas víctimas advierte a las familias de que es urgente el control de las redes de sus hijos.

Una menor de 12 años presuntamente violada por otros dos adolescentes que aún busca la policía en Madrid. A prisión un joven de 18 por agredir sexualmente a una chica de 14 con ayuda de otros en Algeciras. El caso de La Manada, la violación en grupo de una joven en los sanfermines de 2016, que está a la espera de sentencia firme… Las voces expertas explican que no hay datos que sostengan que ahora hay más casos que antes, pero sí que la sociedad está más preparada para detectarlos y denunciarlos. La profesora Noemí Pereda Beltrán (Barcelona, 1975), directora del Grupo de Investigación en Victimización Infantil y Adolescente (Grevia) de la Universidad de Barcelona, advierte del peligro de un efecto contagio de estas agresiones en grupo  entre adolescentes «con rasgos vulnerables de conducta» . Y pide a las familias que pongan toda la atención: «Igual que los padres leen sobre nutrición, deberían aprender de las redes de sus hijos».

El presente informe ofrece algunos avances en el estudio de las agresiones sexuales con víctima desconocida (AVD) con el fin de ayudar a los investigadores criminales a reconocer patrones y perfiles, tanto de los hechos como de los sujetos, a partir de los primeros indicios de la investigación. Estos avances nos permiten generar mecanismos para priorizar los posibles sospechosos y resolver los casos de forma más eficaz y eficiente.

El Tribunal Supremo ha marcado el camino a los jueces españoles a la hora de sentenciar en torno a una agresión mutua en el seno de una pareja o expareja. Si hay pruebas suficientes para condenar, el hombre tendrá que ser condenado por delitos relacionados con la violencia machista y la mujer con la violencia doméstica o familiar, con las diferencias a nivel penológico que existen entre ambos.

El pleno de la sala segunda ha establecido esta línea de actuación resolviendo el caso de una pareja que en diciembre de 2017 protagonizó una agresión mutua en la puerta de una discoteca de Zaragoza cuando ella quería marcharse a casa y él quedarse más tiempo. Los dos se agredieron a puñetazos y el Supremo ha decidido que él debe ser condenado a seis meses de cárcel y ella a tres, la mitad.

“España se encuentra entre los países más seguros del mundo y entre los países que tienen menores cifras de delincuencia sexual en Europa”, afirma la criminóloga Andrea Giménez-Salinas. Y no es una opinión. Durante tres años, su equipo ha revisado de forma sistemática 342 atestados policiales y ha recogido datos de las 6.600 denuncias de agresiones sexuales sin relación previa entre autor y víctima recibidas por el Ministerio del Interior entre 2009 y 2013. Este tipo de agresiones de desconocidos suponen el 20% del total de casos de abusos. El resultado de esta investigación es el mayor informe realizado hasta la fecha sobre uno de los problemas que más alarma social generan en España.

Sus conclusiones permiten dibujar un perfil de los autores. Son hombres jóvenes, de entre 18 y 35 años en el 57% de los casos, y de nacionalidad española (52%) o procedentes de Sudamérica (15%), del Magreb (11%) o de Europa del Este (10%). Tras España, los países de origen más habituales de los agresores son Ecuador, Marruecos y Rumanía. El 32% de los asaltantes tenía antecedentes policiales. Y el 17% ya había cometido al menos otra agresión sexual en el año previo. En la mitad de los asaltos, el agresor no había caminado ni un kilómetro desde su propia casa.

El 62% de los homicidios son de hombres a hombres; el 28%, de hombres a mujeres; el 7%, de mujeres a hombres; y el 3%, de mujeres a mujeres

Ha sido “una tarea de amanuenses de monasterio”, asegura el psicólogo José Luis González. A lo largo de tres años, su equipo, compuesto por medio centenar de investigadores, ha obtenido los atestados policiales de 632 homicidios que estaban “criando polvo en las estanterías” de las comisarías provinciales y ha extraído decenas de variables nunca estudiadas. El resultado es “el primer informe nacional sobre el homicidio en España”, un análisis del Ministerio del Interior que aporta 85 páginas de datos a un fenómeno invadido por eslóganes alarmistas y proclamas racistas. “Esto es ciencia, no política”, sentencia González.

PAMPLONA- Lejos queda aquel pionero programa de 2005 cuando desde el Instituto de Psicología Jurídica y Forense Psimae atendieron a 49 maltratadores en su primer ejercicio. Ahora, en lo que llevamos de 2018, ya suman 205, la mayoría “maltratadores psicológicos, no menos dañinos, y otros físicos, de casos no de una violencia extrema o grave que suele llegar porque se le suspende la condena a condición de que nos visite”. Realizan tratamientos individualizados, a la carta, con una medida de duración de dos años.

La presidenta de la Audiencia Provincial de NavarraEsther Erice, considera que el proceso de “desnaturalizar la violencia vivida” en víctimas de violencia de género “exige”, por parte de los agentes que intervengan “directamente” en esos casos, una formación “muy específica”.

Erice ha intervenido este miércoles por la mañana como ponente en una jornada formativa sobre la violencia de género organizada por la delegación del Gobierno en Navarra y que se enmarca en el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, que se conmemora el próximo 25 de noviembre.

Bajo el título ‘Violencia de género. Hacia una mejor atención a la víctima’, el acto, dirigido a los cuerpos policiales que operan en el ámbito de la violencia de género, ha reunido a profesionales del Instituto de Psicología Jurídica y Forense (PSIMAE), personal del Servicio de Atención a la Mujer (SAM) y a fiscales y magistrados.