La investigación científica ha documentado diversos factores individuales y sociales que se asociarían al inicio temprano de conductas de agresión sexual. Una amplia mayoría de los agresores sexuales ha experimentado vivencias sexuales atípicas y traumáticas en su infancia, así como otras situaciones negativas de abandono familiar, maltrato o rechazo afectivo. Como resultado de ello, estos adolescentes muestran mayor vulnerabilidad para el desarrollo de déficits personales severos en autoestima, capacidad de comunicación, y habilidades de relación y afrontamiento de problemas interpersonales; déficits que se conectan a su vez con su mayor riesgo de comisión de infracciones sexuales.

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