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La presidenta de la Audiencia Provincial de NavarraEsther Erice, considera que el proceso de “desnaturalizar la violencia vivida” en víctimas de violencia de género “exige”, por parte de los agentes que intervengan “directamente” en esos casos, una formación “muy específica”.

Erice ha intervenido este miércoles por la mañana como ponente en una jornada formativa sobre la violencia de género organizada por la delegación del Gobierno en Navarra y que se enmarca en el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, que se conmemora el próximo 25 de noviembre.

Bajo el título ‘Violencia de género. Hacia una mejor atención a la víctima’, el acto, dirigido a los cuerpos policiales que operan en el ámbito de la violencia de género, ha reunido a profesionales del Instituto de Psicología Jurídica y Forense (PSIMAE), personal del Servicio de Atención a la Mujer (SAM) y a fiscales y magistrados.

“La violencia dentro de la familia está muy presente. Pasa en víctimas y en agresores”

PAMPLONA– Al arrancar este programa, esos primeros casos tuvieron que ser de abordaje complejo.

-Los primeros que vinieron lo hicieron sin sentencia, incluso sin denuncia. Vinieron de forma voluntaria. Lo hicieron porque ellos mismos se estaban sintiendo mal con ellos mismos por algo que estaban experimentando, por ese impulso sexual que tenían y no sabían cómo controlarlo. El primer caso fue el de un sacerdote que venía con esta demanda. Decía que estaba sufriendo, que necesitaba ayuda, que le orientaran para gestionar todas esas cosas que él estaba experimentando y que sabía que estaba mal pero no podía frenar ese impulso. Son gente que tenía un temor, que estaban a punto de traspasar el límite.

¿Cuáles son las pautas de trabajo?

Los profesionales evidencian que, en caso de ser tratados, el porcentaje de reincidencia se reduce a la mitad

PAMPLONA– Dice el experto Josean Echauri que el porcentaje de reincidencia de un agresor sexual, entre el 11 y el 17%, es el más bajo en todos los ámbitos de la delincuencia. Un delito común suele rondar el 35-40% de reincidencia. El problema es que ese 14% que puede reincidir en un delito sexual, o aquellos que lo cometen por primera vez, violentan lo más íntimo y causan gran alarma social. En caso de que puedan trabajar en un programa de intervención psicológica con estos individuos, ese porcentaje de reincidencia se reduce a la mitad.

Echauri habla después de haber tratado a 19 hombres en una terapia que empezó como programa piloto en 2011 y que no fue hasta el año pasado cuando fue sellada por el membrete oficial y empezó a recibir más derivaciones de los juzgados penales. Antes de que eso ocurriera en 2017, el equipo de psicólogos de Psimae atendía a individuos que acudían de una forma voluntaria para controlar un impulso irrefrenable y no había ningún centro especializado para ellos. “Todo eran tratamientos genéricos”, recuerda Echauri.

Doctor en Psicología por la UPNA y especialista en Psicología Forense, Josean Echauri es socio fundador de Psimae y un referente en tratamiento de agresores.

Lejos queda aquel pionero programa de 2005 cuando desde el Instituto de Psicología Jurídica y Forense Psimae atendieron a 49 maltratadores en su primer ejercicio. Ahora, en lo que llevamos de 2018, ya suman 205, la mayoría “maltratadores psicológicos, no menos dañinos, y otros físicos, de casos no de una violencia extrema o grave que suele llegar porque se le suspende la condena a condición de que nos visite”. Realizan tratamientos individualizados, a la carta, con una medida de duración de dos años.

Más de 1.000 maltratadores o agresores han recibido desde 2005 asistencia terapéutica en los programas que impulsa el Servicio Social de Justicia del Gobierno de Navarra a través de la sección de Asistencia a Víctimas del Delito y Colaboración con Órganos Judiciales. Los últimos años arrojan una media anual de unas 200 personas, aunque ha llegado a haber picos de hasta 261, como sucedió en el año 2010.En la actualidad, hay 107 usuarios de alta.

La atención se estructura en tres programas distintos: el de violencia de género, el de violencia doméstica (que puede incluir variantes como las agresiones de hijos a padres y viceversa) y, el de agresores sexuales, de más reciente incorporación (2011). El objetivo de todos ellos es garantizar la seguridad de la persona maltratada, la inmensa mayoría mujeres, y prevenir nuevos episodios.