Algunos psiquiatras apuestan por obligar al tratamiento en los casos muy graves, como el del parricida de La Guindalera.

No hay estudios científicos que vinculen la violencia con la enfermedad mental. De hecho, por el estigma y la discriminación que sufren estas personas debido al desconocimiento social, son ellas las víctimas de ataques verbales y físicos. Eso repite como un mantra el movimiento asociativo, familiares y expertos. Recuerdan que el 97% de estos sujetos llevan una vida completamente normal y que menos del 3% cometen un acto violento, una cifra cinco veces inferior al resto de la población. Así lo asegura Olga Real Najarro, presidenta de la Federación de Salud Mental de Madrid.

La Organización Mundial de la Salud (OMS), junto con la Asociación Internacional para la Prevención del Suicidio (IASP) han publicado el manual Prevención del suicidio: un recurso para los profesionales de los medios de comunicación. Se trata de una actualización de un documento previo publicado por la OMS en el año 2000, a través del cual se pretenden difundir buenas prácticas en la elaboración de noticias y otros informes relacionados con esta problemática.

El manual está dirigido tanto a los grupos sociales que trabajan en este ámbito como a los profesionales de la comunicación y en él se describe el impacto de las noticas sobre suicidios en la población y se formulan sugerencias para una práctica del periodismo responsable, que ayude a la prevención de este serio problema de salud pública.

Se presenta la versión forense (EGS-F) de la Escala de Gravedad de Síntomas del trastorno de estrés postraumático (TEPT) según los criterios diagnósticos del DSM-5. Se analizan la gravedad de los síntomas, así como la probable simulación y exageración de síntomas en víctimas de violencia de género en un contexto forense. La muestra contó con 526 víctimas de violencia familiar o sexual que buscaron ayuda terapéutica y con 74 víctimas del mismo tipo que presentaron una denuncia en el Juzgado. La gravedad en el TEPT fue mayor en el grupo forense que en el clínico. Los ítems de la subescala de simulación discriminaron adecuadamente entre los dos grupos (t = 7.3, g = 0.97). Un punto de corte de 2 es apropiado para clasificar correctamente el 74% de los probables simuladores. Esta escala resulta útil para evaluar el TEPT en víctimas de delitos violentos en el contexto forense.

Se analiza diferencialmente la percepción de la conducta violenta grupal por parte de jóvenes. La muestra fueron 418 jóvenes de entre 13-17 años residentes en Madrid, de los cuales el 57.4% había “pegado en los últimos 12 meses a una o más personas pertenecientes a otro grupo” (variable dependiente). Las variables independientes midieron cuatro aspectos referidos a la conducta violenta: valoración general, consecuencias, grado de afectación personal y percepción del endogrupo principal. Se postularon siete hipótesis que fueron contrastadas mediante la prueba t de Student para diferencia de medias. Los resultados obtenidos en este estudio deberían facilitar el desarrollo de programas de prevención basados en la evidencia de los factores de riesgo y de protección de los jóvenes.

Con la finalidad de mejorar la comprensión de los factores de riesgo implicados en los delitos sexuales cometidos por adolescentes, se han recopilado datos de 63 menores infractores que habían cometido al menos un delito sexual y cumplido una medida de internamiento en la Comunidad de Madrid por estos hechos entre los años 2006 y 2015. Para explorar posibles diferencias se han establecido dos grupos atendiendo a la clasificación basada en la edad de la víctima, distinguiendo entre adolescentes que agreden sexualmente a niños menores (AM) y adolescentes que agreden sexualmente a iguales o adultos (AI). Los resultados indican que el grupo AM presenta un perfil caracterizado por una mayor victimización y aislamiento social, mientras que el grupo AI se caracteriza por una mayor presencia de otras conductas antisociales y agresivas. Finalmente se discuten las implicaciones de los resultados obtenidos para la intervención terapéutica con estos adolescentes.

Se analizan las características de la vulneración de la orden judicial de protección (OP) en hombres que previamente habían sido condenados por un delito de violencia de género. Se analizaron 131 sentencias condenatorias correspondientes a 80 agresores. Se identificaron diferentes tipos de acoso (telefónico, domiciliario, acudiendo a lugares públicos frecuentados por la víctima, etc.). Estos comportamientos fueron agrupados en tres categorías: manipulación y búsqueda de reconciliación, control, seguimiento o vigilancia y violencia contra la víctima. Las amenazas de muerte a la víctima o a allegados se dieron en el 31.3% de los casos y el 48% de los agresores que volvieron a convivir con su expareja la agredieron de nuevo. En conclusión, la OP no garantiza la finalización del maltrato o del acoso y las mujeres que restablecen la relación con su expareja agresora están en riesgo de ser revictimizadas. Se discuten las implicaciones para la investigación y práctica clínica.

El trabajo del Centro de Estudio e Investigación ANAR de la infancia y adolescencia nos permite hoy, a través de este estudio de las llamadas realizadas al Teléfono ANAR, conocer en mayor profundidad y precisión la violencia que padecen los niños, niñas y adolescentes y su evolución.

Durante estos 8 años hemos atendido un total de 25.323 casos. Estos datos poseen un gran valor, pues debemos tener en cuenta que ninguna encuesta o sondeo que pudiéramos hacer en la calle permitiría descubrir lo que los menores de edad están padeciendo y nos cuentan en el Teléfono ANAR. Son las propias víctimas las que confían en Fundación ANAR y sacan a la luz situaciones inconfesables que llevan guardando en su interior hasta ese momento.

 

Las víctimas de abusos en su infancia deberían renunciar a la literatura que promete borrar el problema y ponerse en manos profesionales.

Cada vez se habla más de los terribles casos de abuso de menores, con distintos grados de violencia, pero no son una novedad. Muchas de estas situaciones -por ejemplo, el bullying- ocurrían hace años, aunque entonces nadie les había puesto un nombre. Incluso formaban parte del sistema educativo; basta hablar con nuestros padres o abuelos para saber lo que era que un profesor con autoridad para castigar físicamente a sus alumnos.

Pero la sensibilidad social es mayor ahora, y también son más los libros de autoayuda dirigidos a los adultos que sufrieron la violencia cuando eran menores. No pocos recurren a ellos para superar el trauma, así como a terapias más o menos reguladas que buscan la supresión del recuerdo y, con él, las sensaciones que evoca. Es un error que cuesta caro. Esta actitud no añade más que castigo a la pena: cuando se trata de abusos violentos en la infancia, el único camino es ponerse en manos de profesionales.

Agresores sexuales juveniles: tipología y perfil psicosocial en función de la edad de sus víctimas

Juvenile sexual offenders: Typology and psychosocial profile according to the age of their victims
Carlos Benedictoa,, David Ronceroa, Luis Gonzálezb
Centro de Ejecución de Medidas Judiciales “Teresa de Calcuta” (Asociación GINSO), España
Agencia de la Comunidad de Madrid para la Reeducación y Reinserción del Menor Infractor, Madrid, España

Recibido 11 enero 2016, Aceptado 24 mayo 2016

Resumen

Con la finalidad de mejorar la comprensión de los factores de riesgo implicados en los delitos sexuales cometidos por adolescentes, se han recopilado datos de 63 menores infractores que habían cometido al menos un delito sexual y cumplido una medida de internamiento en la Comunidad de Madrid por estos hechos entre los años 2006 y 2015. Para explorar posibles diferencias se han establecido dos grupos atendiendo a la clasificación basada en la edad de la víctima, distinguiendo entre adolescentes que agreden sexualmente a niños menores (AM) y adolescentes que agreden sexualmente a iguales o adultos (AI). Los resultados indican que el grupo AM presenta un perfil caracterizado por una mayor victimización y aislamiento social, mientras que el grupo AI se caracteriza por una mayor presencia de otras conductas antisociales y agresivas. Finalmente se discuten las implicaciones de los resultados obtenidos para la intervención terapéutica con estos adolescentes.

Debido a los 1.400 casos de violencia hacia la mujer, reportados desde noviembre de 2017 hasta ahora en Guayaquil, el programa municipal Amiga ya no estás sola organizó un taller internacional para capacitar a entidades de seguridad y fundaciones que brindan apoyo en situaciones de violencia de género.

José Antonio Echauri Tijeras, miembro y director del área de Psicología, Emergencias y Catástrofes de la ONG Internacional Sar Navarra de España, fue uno de los ponentes. El evento se realizó la mañana de este martes 5 de febrero de 2019 en la Alcaldía de Guayaquil.

El taller consistió en contar las estrategias aplicadas hace 15 años en Navarra para combatir la violencia de género, desde el punto de vista de la víctima y del agresor. La capacitación contó con la participación de miembros de la Policía Nacional, Policía Metropolitana, Fiscalía del Guayas y Galápagos, Defensoría Pública, miembros de dos universidades privadas y de las fundaciones Cepam y María Guare.